Las calles nos dirigían al bar Apache. No habían luces de neón, no hacían falta, ambos sabíamos hacía adonde iban esas calles. En la puerta paramos , ella ya llevaba el pelo despeinado , mis manos habían hecho de peine que destrozaba su coleta, ahora unos mechones le caían por la cara. Mis manos , que antes habían sido peines , ahora eran dos calentadores que recorrían el interior de sus muslos , y acariciaban. Mis labios como plastidecor's recorrían su cuello y subían hacía su oreja, la besaba y le mordía el lóbulo y estiraba, sin apretar , tan solo que se notase el tirón. Y mi mano subió un poco más. Ahora mis labios hacían el camino de vuelta, pero antes de llegar a su cuello torcían el camino y llegaban a sus labios , y un beso lento pero intenso hizo presencia. Los cuerpos juntos. El latido de uno acompasaba al del otro. TIC- TIC-TAC-TAC. Acelerados ambos corazones, los cuerpos calientes y las mentes clavadas en el momento. Pasamos al bar. Dentro fuimos a dar a la primera mesa , encima de ella le quité la camiseta y seguidamente el pantalón. Ella se levanta y me lleva contra la pared. Fuera ropa, al descubierto queda el alma. Y al oído le susurro:
- Ya no necesito ningún cielo ni ningún Dios. Ya no necesito la religión ni el dinero. Ya no necesito el poder. Sólo tú.
Me tapa la boca con sus labios, y mis dedos tapan los suyos, pero no los de la boca. Más tarde , cuando ya todo ha pasado y estamos tumbados. Me susurra al oído ella:
-Ésto , podrá terminar, ojalá que no. No lo tengo seguro. Lo único seguro es que podré volver a querer a alguien, seguro, pero el problema está en que no podré querer a nadie como te quiero a ti. Que como tú no hay nadie, y como nosotros nunca han existido.
¿Qué es peor, el infierno o la nada? Quema los museos, límpiate el culo con la Mona Lisa, para que al menos Dios aprenda tu nombre.
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viernes, 3 de agosto de 2012
miércoles, 2 de mayo de 2012
Poemas en el bar.
Tenía que cambiar ese aspecto tan pútrido del bar. Por suerte para mí, era un hombre algo ingenioso, y busqué darle un toque algo extravagante , decidí empapelar cada una de las paredes con mis poemas favoritos, Garcilaso, Jorge Manrique, Bécquer, Ángel González, Claudio Rodríguez y algunos de propia producción , mi recuento fue de casi un millón de poemas, distribuidos por cada pared. Pensé en cambiar el nombre al bar , pero deseché enseguida esa idea, como iba a hacer eso, ya me dolía cambiar su imagen. No quería cambiar nada más. Todo esto lo hice a espaldas de Olga en unos días que le dí libres. Cuando llegó sus ojos brillaban y su cara mostraba tal perplejidad que sólo es comparable con la vista que tendríamos de la tierra desde el espacio, o que el amor de tu vida volviese contigo después de un largo adiós, o tal vez encontrar la felicidad. Desde luego esa era su cara, su tinte se había marchado ya, menos mal, no me gustan las pelirrojas tintadas. Su color volvía a ser el de siempre. La veía feliz, y yo no había pensando en otra cosa que en ella. Me gustaba realmente, no quiero hablar de amor, ya no, el amor se marchó de mí con ella, pero siendo sincero Olga me encantaba.
-Vaya ,vaya. Mira quién ha vuelto.- Le dije con una sonrisa
-Mira , mira. Qué intelectual tengo ante mí.- Ambos estallamos a carcajadas. Era feliz con ella, eso era innegable.
La besé. Me besó. Le quité la camiseta. Me la quitó. Mientras me besaba yo iba leyendo los poemas que hacía apenas dos horas había colocado."Libremente, con la libertad del amor" me guiaba Luís Cernuda , más abajo me guiaba Antonio Machado "Yo voy soñando caminos de la tarde". Besé sus labios y cerré los ojos, dejando que mis sentidos se apoderaran de mi cuerpo, de su alma , de sus labios. Mis manos se enredaban entre sus piernas.
-Ah!- Se oyó un gemido.
Volví a abrir los ojos. Ahora me acompañaban en este camino Béquer y sus rimas, y su Rima XXIV y por un momento me sentí identificado. Seguía devorando poemas a la misma velocidad que la devoraba a ella, es decir , lento, saboreando cada bocado y cada beso. En este último camino me acompañaba Rafael Alberti "Sienten, y cuando sienten parece que están sólos." Sin duda fue el mejor polvo de mi vida. Jamás había sentido tanto y jamás había disfrutado tanto. Al acabar mis ojos se fueron a sus senos que, al estar acostados caían con gracia gracias a ese fenómeno que llamamos fuerza de gravedad, yo , un poco más humilde le llamo "lo que hace que no nos caigamos" y eso que era un chico de ciencias, pero jamás me gustaron las definiciones, la vida no tiene definiciones , sólo se vive, sólo se disfruta, se goza , se saborea, la vida pasa tan rápido que si no la muerdes se te escapa. Lo peor de esto es que muy poca gente se para a disfrutarla en todos sus ámbitos, la gente va de aquí para allá , con sus teléfonos móviles, hablando con sus empresas, ganando dinero para tener una bonita tumba que, por desgracia, nunca llegará a verla. Mis ojos subieron ahora a encontrarse con los suyos y ¡joder! siempre me perdía en ellos, me adentraba en sus profundidades y me quedaba allí , hasta que me despertaba con un beso en los labios.
Vaya , me toca volver a hablar de amor.
lunes, 23 de abril de 2012
El Bar
Entre en el bar, con el cubo de pintura en una mano y en la otra la brocha. Allí me esperaba Olga que se había tintado el pelo y ahora era pelirroja.
-Buenos días ,Carlos. Vaya carita de sueño me traes.- Me sonrió con esa sonrisa tan bohemia y melancólica.
-He dormido poco-Dije entre carcajadas, la verdad es que me alegraba el verla.
La verdad es que cuando iba al bar antes de terminar con la innombrable ya me fijé en ella, pero jamás le dí más importancia de la que pensaba, la veía inalcanzable y , no nos engañemos, mis ojos tenían dueña. Comenzamos pintando las paredes, bueno limpiándolas , el alquitrán del tabaco se había adherido a la pared y el grosor variaba según las zonas, en las esquinas llegaba a ser de un espesor de varios milímetros y teníamos que raspar la pared. En un par de horas conseguimos dejar al bar con una presencia bastante menos... dejémoslo en sucia, menos sucia. Saqué un par de cervezas, la mía sin alcohol , tenía pensado dejarlo.
Le expliqué a Olga como había llegado a esa situación tan penosa por la que había pasado, como había llegado a ser un simple esqueleto que vagaba por las calles de la ciudad sin ningún rumbo, bueno con uno y no era el más agradable. Sabía que nunca se me había notado muy débil físicamente , gracias a una genética bastante buena estaba un poco fuerte. Y como siempre mi ego no se había visto dañado. Mi vida siempre había ido dando tumbos, entre labios de mujeres que jamás llegaban a llenarme y cuando encontré unos me enganché, ahora me daba cuenta de mi error, no podía hacer que ella fuese mi mundo. Y acabé mal, tenía que salir de esa etapa de camello, llegar a ser un león destrozar todos mis recuerdos buenos, quedarme con los malos y con ellos construir un mundo nuevo donde estos malos recuerdos jamás vuelvan a tener cabida.
Olga me miraba a los ojos como si yo fuese un faquir y ella una serpiente hipnotizada por la sucesión de silabas , de sonidos que mis cuerdas vocales arrancadas por el dolor infringido tiempo atrás. Tan sólo me escuchaba absorta en un mundo del que poca gente sabe, en la concentración de cada palabra, de cada frase. Yo ,mientras ella era hipnotizada por el movimiento de mis labios y mi lengua , recorría toda su cara, fijándome en esos ojos de un verde profundo, un verde que sólo había visto en los cuadros más hiperrealistas donde los pintores describían a pinceladas una realidad maravillosa. Cuando sonreía se forjaban en sus mejillas unos hoyuelos que hicieron que me quedase allí durante unos segundos, acabe en la comisura de sus labios de delgadas líneas.
Era la hora de comer, nosotros teníamos hambre, pero era algo que jamás había sentido. Se mojó los labios con la lengua de una manera tan dulce que desde donde estaba olía a miel. Me acerqué a sus labios tan despacio que la distancia parecía kilometros , se conjuraban el tiempo y el espacio para hacer ese instante eterno , el instante en que toqué esos labios de miel.
viernes, 13 de abril de 2012
Sueños
Esa noche soñé con ella. Soñé que estábamos en la cama , tumbados , mi cabeza junto a la suya y mis labios sobre los suyos. Soñaba que la besaba y recorría cada comisura como si fuese un paisaje que, aún conociéndomelo de memoria , volvía a repasarlo disfrutando cada milésima de segundo como si fuese la última. Era un sueño tan real que cuando me desperté tenía los labios cortados, y con pequeñas manchas rojas de su barra de labios de color rojo carmesí y en mi memoria perduraba el sueño. Las imágenes se sucedían una de tras de otra como fotogramas puestos al cinematógrafo, lo peor del sueño es que yo era feliz y que deseaba no haber despertado nunca. Su sonrisa, todavía presente en mi memoria , endulzaba cada pensamiento mio , pero a la vez , la certeza de saber de que tan solo era un sueño me mataba y me hacía un poco más infeliz. Me había despertado y tenía que abrir el bar Apache.
jueves, 12 de abril de 2012
El testamento.
Preparé una sencilla mochila , con un par de mudas y con todo mi dinero. Y me dispuse a ir al bar Apache, a despedirme con una cerveza, que me refrescara la garganta y a la vez me aclarara los ojos. Lo que me encontré fue algo ... terrible. El bar estaba cerrado, y no era eso lo terrible, y en la puerta una nota que decía esto: " Cerrado por defunción". Me temí lo peor, fui al tanatorio y allí la vi, no era Olga. Pero ella se acababa de quedar sin trabajo, era Jorge , el dueño del bar Apache.
Olga estaba desecha, apagada. Y yo estaba en un estado de perplejidad , Jorge era un chico joven, 43 años y con mucha vida por delante, dijeron que fue un infarto. Eso es lo de menos. Yo tenía un poco de contacto con él, era un poco arisco, pero buena persona y con una mirada que me hacía saber que había pasado por lo que pasaba yo. Siempre estuve seguro de que le ayudo el bar Apache a salir de aquella pesadilla que vivió, que fue su verdadera salvación de una vida donde no se salvan ni las ratas ni las cucarachas ni los mismísimos gérmenes.
En el testamento ponía que yo me quedaba con el bar. Cito palabras textuales "Para don Carlos Sempere Carax: el Bar Apache que , como a mí me pasó, estoy seguro de que le traerá más de un buen momento y hará que deje atrás todos esos tiempos peores y oscuros, de largos ratos sumergidos en una mente que tan solo revolvía los recuerdos, haciendo que viviese en un pasado trágico e irreal y no viendo y viviendo un presente ,aunque igualmente trágico, real." No diré que me abrió los ojos , en aquel momento no lo hizo, pero sí que fue el comienzo de mi nueva y real vida.
Mi primer acto como nuevo dueño del bar Apache fue contratar a aquella chica de ojos verdes y pelo negro como la antracita llamada Olga, íbamos a llevar el bar Apache. La catarsis que buscaba yéndome la encontre en el bar, en el bar donde ahogaba mis penas y hundía mi mente en mis oscuros pensamientos manteniéndola ocupada. Ahora ese bar haría un efecto algo similar, me mantendría ocupado y embelesado por esa magia que lo rodeaba. Lo que no sabía es que si que había algo mágico en aquel bar y que muy pronto iba a descubrir.
Olga estaba desecha, apagada. Y yo estaba en un estado de perplejidad , Jorge era un chico joven, 43 años y con mucha vida por delante, dijeron que fue un infarto. Eso es lo de menos. Yo tenía un poco de contacto con él, era un poco arisco, pero buena persona y con una mirada que me hacía saber que había pasado por lo que pasaba yo. Siempre estuve seguro de que le ayudo el bar Apache a salir de aquella pesadilla que vivió, que fue su verdadera salvación de una vida donde no se salvan ni las ratas ni las cucarachas ni los mismísimos gérmenes.
En el testamento ponía que yo me quedaba con el bar. Cito palabras textuales "Para don Carlos Sempere Carax: el Bar Apache que , como a mí me pasó, estoy seguro de que le traerá más de un buen momento y hará que deje atrás todos esos tiempos peores y oscuros, de largos ratos sumergidos en una mente que tan solo revolvía los recuerdos, haciendo que viviese en un pasado trágico e irreal y no viendo y viviendo un presente ,aunque igualmente trágico, real." No diré que me abrió los ojos , en aquel momento no lo hizo, pero sí que fue el comienzo de mi nueva y real vida.
Mi primer acto como nuevo dueño del bar Apache fue contratar a aquella chica de ojos verdes y pelo negro como la antracita llamada Olga, íbamos a llevar el bar Apache. La catarsis que buscaba yéndome la encontre en el bar, en el bar donde ahogaba mis penas y hundía mi mente en mis oscuros pensamientos manteniéndola ocupada. Ahora ese bar haría un efecto algo similar, me mantendría ocupado y embelesado por esa magia que lo rodeaba. Lo que no sabía es que si que había algo mágico en aquel bar y que muy pronto iba a descubrir.
martes, 10 de abril de 2012
La noche.
Salí del bar a las 5 de la madrugada , con el sonido de las persianas detrás de mí junto con Olga. Tomé el camino que llevaba a la playa.
-Carlos, por ahí se va a la playa. - Dijo Olga.
-Lo sé, creo que me vendrá bien andar un poco, me relaja el sonido del mar por la noche.- conteste mientras seguía andando.
Ella se puso a andar junto a mí, en silencio, contemplando el vaho que generaba nuestro aliento. Giré rapidamente mi cabeza para encontrarme con sus ojos que, en un ambiente más oscuro que el bar, el verde era más brillantes. Volví a mirar hacia delante. Comenzó a hablar.
-Siempre vienes solo, siempre estás solo y con esos ojos alicaídos y tristes que tanto hablan sobre ti y sobre tu historia. En el bar la gente no suele tener familia, sus familias son los fantasmas de los recuerdos, que golpean sus memorias como un cincel dándoles formas de demonios y transformando sus vidas en infiernos.Pero tú, tú no , sigues sonriendo gracias a esos recuerdos que, aunque te atormenten, forman parte de ti.
-Yo no quiero que formen parte de mí, quiero cerrar ese capítulo de mi vida, pero si lo cierro no sé si seguirá siendo vida...- Medio susurré con la voz temblorosa y con lágrimas que le daban la razón en todo lo que Olga había dicho.
Me abrazó y me dijo que ella pasó por algo parecido, y que se salía de estas situaciones, yo en muchas ocasiones pensaba que era un sentimental , y me sentía absurdo al pensar en como podía seguir pensando en ella. Llevaba razón, era sentimental y absurdo, pero así era yo. Llegamos al paseo marítimo y lo traspasamos como si fuese un pequeño arroyo, y ya estábamos en la arena, yo seguía acercándome al mar. El marco era idílico , estrellas que brillaban como si fuese la última vez que lo hiciesen, como si utilizasen las últimas fuerzas para brillar con más intensidad, y la luna enturbiada por una pequeña nube que sólo la maquillaba y la hacía más hermosa. En aquel instante decidí que ya no volvería a la ciudad. No iba a volver a poner un pie en aquel pueblo que tan solo me había traído desgracias.
-Carlos, por ahí se va a la playa. - Dijo Olga.
-Lo sé, creo que me vendrá bien andar un poco, me relaja el sonido del mar por la noche.- conteste mientras seguía andando.
Ella se puso a andar junto a mí, en silencio, contemplando el vaho que generaba nuestro aliento. Giré rapidamente mi cabeza para encontrarme con sus ojos que, en un ambiente más oscuro que el bar, el verde era más brillantes. Volví a mirar hacia delante. Comenzó a hablar.
-Siempre vienes solo, siempre estás solo y con esos ojos alicaídos y tristes que tanto hablan sobre ti y sobre tu historia. En el bar la gente no suele tener familia, sus familias son los fantasmas de los recuerdos, que golpean sus memorias como un cincel dándoles formas de demonios y transformando sus vidas en infiernos.Pero tú, tú no , sigues sonriendo gracias a esos recuerdos que, aunque te atormenten, forman parte de ti.
-Yo no quiero que formen parte de mí, quiero cerrar ese capítulo de mi vida, pero si lo cierro no sé si seguirá siendo vida...- Medio susurré con la voz temblorosa y con lágrimas que le daban la razón en todo lo que Olga había dicho.
Me abrazó y me dijo que ella pasó por algo parecido, y que se salía de estas situaciones, yo en muchas ocasiones pensaba que era un sentimental , y me sentía absurdo al pensar en como podía seguir pensando en ella. Llevaba razón, era sentimental y absurdo, pero así era yo. Llegamos al paseo marítimo y lo traspasamos como si fuese un pequeño arroyo, y ya estábamos en la arena, yo seguía acercándome al mar. El marco era idílico , estrellas que brillaban como si fuese la última vez que lo hiciesen, como si utilizasen las últimas fuerzas para brillar con más intensidad, y la luna enturbiada por una pequeña nube que sólo la maquillaba y la hacía más hermosa. En aquel instante decidí que ya no volvería a la ciudad. No iba a volver a poner un pie en aquel pueblo que tan solo me había traído desgracias.
domingo, 8 de abril de 2012
Luces y Sombras.
Y al cerrar esa puerta , abrí la de mi corazón donde ella se perdió y donde enredó cada artería que encontraba , haciendo un bonito juego papirofléxico para ella, y un gran trasquilón para mí. Día a día yo me enganchaba un poco más a ese maná que supuraba y , a la vez, ella se desenganchaba de un maná que nunca tuve y de la pena que rezumaba mi cuerpo envenenado. Los juicios a tiempo pasado nunca se me dieron bien, pero , supongo que ella tenía otra imagen de mí, me imaginaba diferente y se llevo una desilusión que a mí me partió, pero como ya he dicho yo nunca fui de hacer juicios a posteriori. Y así acabó, un buen día al despertar ella decidió que no había tiempo para más , y como un árbitro pitó el final.
Pasó el tiempo, y el bar Apache se convirtió en mi nuevo hogar , Olga, la camarera que me veía con esos ojos verdes apagados por la oscuridad de un bar enturbiado por los tristes corazones que en él se reunían, donde lloraban hasta las paredes de tantas trágicas almas que por él pasaban a diario. Pero Olga siempre llevaba su sonrisa a cualquier parte, y de ella se podía atisbar una luz pequeñita que , ahora si que me arriesgaré a decir , se la guardaba para personas especiales. Ella siempre intentaba hablar conmigo, supongo que le di pena, ella todavía tenía corazón y los pobres infelices como yo se lo poníamos blandito cuando nos acercábamos a su barra.
-¿Cómo te va todo , Carlos?- Dijo Olga con esa dulce voz.
-Me va, que no es poco.-Contesté de una manera que , hasta a mí, me pareció estúpida.- Perdón, Olga, no quería ser tan imbécil...
-No pasa nada, ¿lo de siempre?
-Lo de siempre.- Conteste con lo que parecía una leve sonrisa.
Pasó el tiempo, y el bar Apache se convirtió en mi nuevo hogar , Olga, la camarera que me veía con esos ojos verdes apagados por la oscuridad de un bar enturbiado por los tristes corazones que en él se reunían, donde lloraban hasta las paredes de tantas trágicas almas que por él pasaban a diario. Pero Olga siempre llevaba su sonrisa a cualquier parte, y de ella se podía atisbar una luz pequeñita que , ahora si que me arriesgaré a decir , se la guardaba para personas especiales. Ella siempre intentaba hablar conmigo, supongo que le di pena, ella todavía tenía corazón y los pobres infelices como yo se lo poníamos blandito cuando nos acercábamos a su barra.
-¿Cómo te va todo , Carlos?- Dijo Olga con esa dulce voz.
-Me va, que no es poco.-Contesté de una manera que , hasta a mí, me pareció estúpida.- Perdón, Olga, no quería ser tan imbécil...
-No pasa nada, ¿lo de siempre?
-Lo de siempre.- Conteste con lo que parecía una leve sonrisa.
jueves, 2 de febrero de 2012
Antes eran nuestras miradas las que se buscaban, ahora nuestros labios.
Día a día quedábamos en la biblioteca, aunque no tuviésemos nada de lo que hablar ni nada que estudiar.Eran nuestras miradas las que estudiaban, recorrían cada rincón de nuestras sonrisas, cada tonalidad de nuestros ojos. Se apreciaban los silencios como el mejor de los sonidos, siendo incluso más importantes que éstos. Lo creíamos los dos, los dos lo sentíamos y lo vivíamos.
-Vamos para fuera.-Me dijo un día. Yo acobardado por la impresión que me causaba le hice caso sin rechistar, además quería.
-Sé que tú también lo sientes, sé que nos dimos cuenta nada más vernos, lo sé.
No hizo falta que dijese nada más, antes eran nuestras miradas las que se buscaban, ahora nuestros labios, fríos por el frío que hacía, calientes por el calor que sentíamos.
La ciudad se nos hacía pequeña, las calles desaparecían a dos pasos, ahí empecé a entender la teoría de la relatividad. Todo se volvía más pequeño y el tiempo se volvía más rápido, tanto que me aferraba a él como un clavo ardiendo. Ahora también se buscaban las manos.
Llegamos a su piso, subimos y, ¡ahora el tiempo se paraba! ¡qué caótico que era todo! La llave no entraba en la puerta y la ropa empezaba a arder cada vez más. Se abrió.
-Perdona por el desastre- Fueron las últimas palabras que se escucharon esa noche...
El día siguiente fui al bar Apache.
-Vamos para fuera.-Me dijo un día. Yo acobardado por la impresión que me causaba le hice caso sin rechistar, además quería.
-Sé que tú también lo sientes, sé que nos dimos cuenta nada más vernos, lo sé.
No hizo falta que dijese nada más, antes eran nuestras miradas las que se buscaban, ahora nuestros labios, fríos por el frío que hacía, calientes por el calor que sentíamos.
La ciudad se nos hacía pequeña, las calles desaparecían a dos pasos, ahí empecé a entender la teoría de la relatividad. Todo se volvía más pequeño y el tiempo se volvía más rápido, tanto que me aferraba a él como un clavo ardiendo. Ahora también se buscaban las manos.
Llegamos a su piso, subimos y, ¡ahora el tiempo se paraba! ¡qué caótico que era todo! La llave no entraba en la puerta y la ropa empezaba a arder cada vez más. Se abrió.
-Perdona por el desastre- Fueron las últimas palabras que se escucharon esa noche...
El día siguiente fui al bar Apache.
domingo, 22 de enero de 2012
Ella hacía de los eneros primaveras.
Ella hacía de los eneros primaveras. Ella era el Sol que alumbraba la caverna donde habita, le daba sentido a mi vida. Pero se marcho.
Nos conocimos en el primer año de universidad , ella estudiaba Periodismo y yo Historia. No conocía esa sensación. La sensación de sentirte vivo y , a la vez , de miedo , de un miedo tan fuerte que el corazón se acelera hasta su límite, y se mantiene ahí hasta que ella pasa y sólo deja el rastro de su olor. Ella creaba esas sensaciones, y lo hacía con todos. ¿ Por qué debería fijarse en mí? Un simple estudiante de Historia, ni feo ni guapo, ni alto ni bajo, quizás un poco complicado , lo cual me hacía menos atractivo, nadie quiere complicarse a esa edad. Además era tímido, incapaz de acercarme, incapaz de saludarla, y como es obvio incapaz de mantener una charla. Ella vio en este cúmulo de desperfectos algo , que sólo ven unos pocos.
Yo solía soñar con ella, por la noche y por el día. Vivía en un constante sueño en el que su olor era el principal protagonista. Sólo nos cruzábamos miradas en los pasillos y en la biblioteca, donde comenzó todo.
Eran los exámenes finales del primer semestre y la biblioteca estaba rebosante de estudiantes y de libros abiertos. El olor de las neuronas corría por cada pasillo, y la luz que generaba la biblioteca era visible incluso a varios kilómetros. Yo sentado en una mesa donde estaba otra silla libre. Y ella que acababa de entrar por la puerta. Sí , se sentó a mi lado. Y al mismo tiempo que ella se sentaba yo entraba en el trance de su olor. Comenzaba el vaivén de sensaciones, ella a mi lado y yo en mi mundo. Como no ella fue la que me trajo al suyo.
-¿Qué estudias?- Me susurró.
-Historia, ¿y tú?- Contesté con el poco aire que tenía.
Así comenzó. Después fuimos al bar, donde ahora , 3 años después estoy, el bar Apache.
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